Don Quijote en Gaza

03.02.2019


Juan A. Flores Romero

   Anoche asistimos a la entrega de los premios Goya en los que fue premiado el cortometraje "Gaza", un trabajo conmovedor, centrado en las personas que sufren la situación de embargo y los episodios bélicos intensificados desde 2007 en ese pequeño rincón del mundo. Uno de sus directores hizo en la gala un alegato contra esta situación, en apoyo al pueblo palestino y contra el sionismo, animando a borrar a Israel de los festivales de Eurovisión. Me hubiese parecido interesante si no fuera por el mensaje político que se encondía tras esas palabras y que no es otro que el beligerante e interesado discurso antiisraelí. Pon unas imágenes sangrientas, unas cabezas de niños destrozadas por la metralla, una madre explicando cómo un soldado israelí disparaba a bocajarro a su hija tetrapléjica mientras suplicaba piedad. Imágenes dantescas que nadie en su sano juicio quisiera mantener mucho tiempo en sus retinas, comportamientos sanguinarios que pocos estarían de acuerdo en tolerar y que nos retrotraen a esa Europa barrida por la bota nazi. Por cierto, el ejército de Estados Unidos protagonizó una situación parecida en Irak, los turcos hicieron otro tanto contra armenios o kurdos o Rusia en algunos rincones del Cáucaso o en Ucrania. ¿Acaso estos lugares no tienen interés informativo? ¿No será que la censura en estas latitudes es más férrea? ¿Compartimos intereses inconfesables con estos países? Casualmente todo esto pasó en la última década. Pero Gaza es mucho más recurrente por todo lo que este conflicto implica a nivel emocional en una de las fronteras más inseguras del mundo, plagada de túneles por los que el terrorismo chiíta intenta hacer acto de presencia al otro lado del horror. Durante el pasado agosto 150 cohetes israelíes cayeron sobre objetivos militares en Gaza. Portada en los noticiarios. Tal vez habría que buscar un poco más en los márgenes de los diarios para constatar que unos días antes unos 180 cohetes cayeron en territorio israelí sin previo aviso. La afluencia de trabajadores gazatíes era habitual en la industrial zona israelí de Erez, cercana a la frontera con la franja. Todos los días era un ir y venir de obreros cualificados y no cualificados... hasta 2008... en que salta al poder Hamas y su estrategia de escalada de violencia saltándose los acuerdos que Fatah -partidaria del diálogo y la coexistencia- había firmado con los gobiernos israelíes. El auge de Hamas fue combinando la acción militar y la campaña internacional de deslegitimación del estado de Israel cuando hasta 1948 no existían ni Israel ni Palestina sino que formaban parte del Mandato Británico y anteriormente del vasto Imperio Otomano. El problema es que aquí no deberíamos estar hablando de dos estados sino de dos pueblos que tienen derecho a la paz y a la coexistencia.

   El conflicto de Gaza es eso que se ve en los medios y mucho más. La falta de inteligencia de los últimos gobiernos israelíes -por considerarse muerta la vía diplomática- unido a la macabra táctica de Hamas (gobierno palestino en la franja) han conducido a esta penosa situación. ¿Por qué algunos hablan de terrorismo sionista y no chiíta? Hoy Gaza se presenta como la gran prisión de Oriente Medio (dejaremos de lado las que existen en países como China al que ponemos la alfombra cuando viene su presidente de visita oficial con recepción en el Senado incluida). La franja desde 2007 vive una situación insostenible. Todo comienza con la victoria de Hamas y con la guerra abierta contra Fatah, que dejó más de un centenar de muertos entre milicianos y civiles palestinos. Sí, nadie recuerda que este conflicto fue una guerra civil entre palestinos en la propia franja. Asesinatos, incluidos niños como en que sale en la imagen abatido por la brutalidad hebrea. Pero en aquel caso, las balas fueron compartidas entre facciones palestinas que pugnaban entre sí. Un conflicto, en definitiva,  que se ha ido arrastrando y que ha ido fortaleciendo las posturas radicales en ese pequeño territorio en que se hacinan más de un millón de habitantes. Los moderados de Fatah, partido de Yasser Arafat, fueron borrados del mapa, perseguidos y silenciados. Pero, ante todo y pese al odio mutuo, hay un enemigo común: el sionismo expansionista, un mal que se le fue de las manos a los gobiernos israelíes y que debieron atajar evitando asentamientos ilegales por parte de judíos ultraconservadores llegados desde Rusia en los años noventa y posteriormente de muchas otras naciones, animados por el sionismo religioso cuyo título de propiedad sobre la tierra de Israel es la Biblia.

   El BDS, por su parte, se encargó de ocultar la realidad de conflicto civil entre palestinos en la franja de Gaza y presentarla al mundo como la lucha del pueblo palestino contra el opresor israelí que abomina a aquellos que no tienen sangre hebrea. "Boicot, Desinversión y Sanción" es el lema de este conglomerado de ONGs que apuestan por dañar económicamente a este país. Insisto en que el inicio del conflicto en Gaza fue una purga civil para que los más radicales, filial de Irán en la zona, instalaran su política de terror ignorando la opinión de los más moderados. Salvando los episodios de conflicto directo con Israel, la gran presión contra la población civil la ejerce Hamas, un gobierno que no deja un ápice a la libertad de expresión y que controla a su población para evitar cualquier intento de diálogo con Israel, que no duda en utilizar escudos humanos en hospitales y escuelas para hacer más sangre en los medios de comunicación cuando Israel responde violentamente a las agresiones de estos radicales. 

   Israel, sin duda, es el más interesado en resolver la situación para crear un clima de estabilidad y normalidad en la región. Cualquier ciudadano no desea otra cosa con más fuerza que la paz y la seguridad. Pero Hamas sigue pensando en utilizar la franja como un cuartel de entrenamiento de yihadistas y de personal civil dispuesto a inmolarse por la causa de Alá. Eso ya lo hizo en 2007 y lo sigue haciendo en 2019.

   La actuación o la solución que ha dado Israel al problema es muy criticable. Desde 2008 Gaza se ha convertido en una vergüenza para el país hebreo. El embargo es inhumano pero también son muchos los intelectuales y población civil israelí los que se han alzado contra esta situación ya que entienden que hay otros medios para frenar a Hamas, el verdadero peligro para este territorio. Uno de ellos es controlar la financiación que reciben los radicales de la franja y llegar a un acuerdo de coexistencia entre estos dos pueblos, que ya fue intentado por Isaac Rabin en los acuerdos de Oslo y Madrid en los años noventa antes de que llegaran al poder los gobiernos intransigentes de Netanyahu o Sharon, curiosamente sustentados por los religiosos judíos radicales llegados en sucesivas oleadas desde Rusia y otros países de Oriente Medio amparados por la polémica Ley del Retorno de 1950.

   Pero el objetivo de Irán es desestabilizar esta parte del Oriente Medio y en Gaza tienen el escaparate perfecto y la propaganda ideal. Desde Occidente, muchos son los Quijotes que irían a Gaza a llevar un poco de humanidad, a enfrentarse contra los gigantes y llevar una dosis de loca cordura a este pequeño lugar rodeado de alambradas y muros de hormigón. Sí, porque son necesarios los Quijotes que denuncien y luchen contra el dolor ajeno. ¿Qué psicópata disfruta pensando en esa gente que vive entre muros? Pero, ¿acaso alguno de los que denuncian han planteado una solución? ¿Merecen los palestinos vivir eternamente en este campo de concentración? Pero la cuestión no se debe quedar en la carnaza. El BDS solo apuesta por la movilización en un país -Israel- en el que pueden expresar esas ideas sin ser encarcelados. ¿Pasaría lo mismo en la Gaza de Hamas? Siempre me he mostrado muy crítico con la política militarista de Israel -el país que no puede permitirse perder una guerra porque eso supondría su aniquilación-, pero también muy preocupado por la escalada que el radicalismo islámico está experimentando en la zona en la última década. Israel ha carecido de estrategias efectivas para abordar el problema más allá del levantamiento de muros. Hay un amplio sector de esa sociedad que apuesta por otras soluciones pero la ola conservadora, alentada por la situación de inseguridad y la llegada de colonos judíos a Israel con un arraigado sentimiento sionista han complicado el diálogo. No obstante, Israel siempre se ha mostrado colaborador con las situaciones de necesidad que existe en la región. Son muchos los alimentos y medicamentos que han ido llegando a los refugiados sirios, centenares los heridos de este conflicto atendidos en la red de hospitales de Israel. Eso no sale en las noticias occidentales, lamentablemente.

   Me gustaría que la situación que vive Gaza llegue a su fin por medio de un entendimiento entre las partes y no por medio de un boicot audiovisual que solo beneficia a quienes están interesados en perpetuar este conflicto porque lo consideran un arma política muy potente. La población civil sufre continuamente las secuelas de un inhumano embargo, mientras los dirigentes de Hamas siguen esponjándose con los fondos iraníes que utilizan en beneficio propio y el BDS no hace sino justificar las inhumanas políticas de Hamas demonizando al "enemigo sionista". En este mundo, no hay arma más poderosa y convincente que la propaganda.


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