El camino comenzó en Californi@

02.06.2019


Juan A. Flores Romero

   Este año estamos de aniversario, sí de esos que se celebran porque marcan un lustro o una década. Este pasado 12 de marzo se conmemoraba uno de los hitos que aún no aparece en los libros de historia pero que está al nivel de la invención de la imprenta de Gutenberg. No sé si en la época de este genio de la tecnología del siglo XV fueron conscientes de la importancia de tal invento que permitía reproducir libros sin necesidad de contratar un copista.

   Hoy quiero hacer referencia al surgimiento de las siglas más famosas de nuestra vida cotidiana: "www". La World Wide Web surgió para poner al servicio del ciudadano toda una amplia oferta de información y una oportunidad de comunicación como nunca antes se había visto. Tim Berners-Lee, su autor, se dio cuenta tiempo después que esta idea tan maravillosa había sido secuestrada por la industria y el mundo empresarial para terminar siendo, según el articulista técnico Evgeny Morozov, "un motor de desigualdad y división bajo la influencia de poderosas fuerzas que la utilizan para sus propios fines oscuros".

   Muchos sectores económicos han apostado fuerte por internet. El concepto de ciberespacio como foro de comunicación, propio de inicios de siglo, ya se ha quedado obsoleto; ahora son las empresas las que nos bombardean con sus productos, nos crean perfiles, comercian con nuestra información. Internet supera el manejo de datos a nivel usuario. Tampoco se limita a ser un medio de comunicación entre distintos usuarios. Es mucho más... y el mundo de la economía lo sabe. Cualquiera puede ganarse la vida haciendo el idiota mientras esa idiotez tenga muchos likes y sea interesante para el mundo de la empresa que vigila desde la trastienda. Los seguidores de algunos gurús de Instagram o You Tube son, a su vez, potenciales clientes del que está detrás del que financia a ese que toca la flauta con la nariz o maneja como nadie los mandos de la Play Station aunque no sepa ni pegar un sello.

   Internet es una puerta abierta a la pérdida del patrimonio de la información personal. En el instante en que has compartido algo en las redes sociales ya no eres dueño de ello. Ni siquiera eres dueño de tu propio ordenador. Ya son conocidos los ordenadores zombis, aquellos que están infectados por virus sin que te enteres y que otra persona puede llegar a manejar por ti. Es el "botnet", controlado remotamente. Solo tienes que elegir cien, mil o un millón de objetivos e introducir un virus troyano en sus ordenadores y manejarlos a tu antojo. Podrás contratar servicios a través de ellos o hacer uso de todas sus funciones. Podrás extorsionar a su propietario para desactivar el virus. Sí, los ordenadores zombis o "botnet" han causado furor y es una práctica muy utilizada por los ciberdelincuentes. Kaspersky, la empresa de productos informáticos rusa, ya ha trabajado en productos para luchar contra esta práctica. Pero hay quien dice que una empresa puede crear el virus y su antídoto. Curiosamente la mayor parte de estos ataques vienen de Rusia y el Báltico.

   Las inversiones millonarias de los grandes de internet superan en volumen de capital a las empresas que se dedican a la extracción de petróleo. ¿Quién lo diría? Internet genera más dinero que el oro negro que aún hoy sigue moviendo la industria y el parking automovilístico. Según Evgeny Morozov, Google, Facebook, Amazon y Microsoft invirtieron más capital el pasado año que Shell, Exxon, BP y Chevron. Estaríamos hablando de unos 77.000 millones de dólares frente a 71.000. Y la inversión siempre regresa multiplicada.

   Las fuerzas del comercio y el capital han penetrado fuerte porque entienden que internet es una red indispensable para la publicidad de sus productos y para que hayan proliferado decenas de nuevos tipos de trabajos cuya finalidad es comerciar con la información y los rastros que dejamos en la red. En este mundo siempre hay alguien que va recogiendo las migajas, pero las de miles de millones de personas son muchas migajas.

   Ahora, el mismo fundador de internet, Tim Berners-Lee, junto con la Fundación Web, que él preside, han propuesto la consolidación de una plataforma denominada Solid para intentar compensar esa pérdida de control, y por ende esa desventaja, que el ciudadano medio tiene en la red. Por primera vez, se plantea que el usuario sea dueño de lo que publica y disponga de algunas claves para proteger y jugar con su propia información sin que ésta sea objeto de rapiña por parte de las multinacionales que se enriquecen vendiendo datos a otras grandes empresas, a particulares e incluso a mafias que pueden terminar extorsionándonos o vaciándonos la cuenta corriente. Sold pretende que el ciudadano decida quién tiene derecho a consultar sus datos. Es un intento de devolver a la sociedad aquello que ha perdido totalmente: el control de lo que sube a la red. Pero en este mundo, mientras uno piensa en construir una barrera, otro ya ha comenzado a idear su destrucción. La informática de desarrolla a ritmos vertiginosos y a pasos agigantados.

   Hace ya mucho tiempo, allá por 1968, que todo empezaba en California. Los ordenadores que iban a transformar la realidad de las cosas y nuestro concepto de relacionarnos, de comprar y vender, de trabajar,... vivían aún en las tinieblas de una prehistoria digital. Ni tan siquiera, en plena época hippy, se soñaba con que todas las familias tendrían un ordenador en casa apenas unas décadas después. Fue en 1977 cuando Apple lanzó el primer ordenador con dos herramientas que iban a definir la primera revolución de la informática a nivel usuario: la hoja de cálculo y el procesador de textos. Cinco años antes, en la revista Rolling Stone, ya se anunciaba que una revolución estaba a punto de entrar en nuestros hogares. En España ese proceso se inició unos lustros después.


   Y todo sucedió en California. Un lugar mítico en los 60, un espacio de libertad, de creatividad, de psicodelia,... que abrió la mente a un puñado de jóvenes emprendedores para iniciar una era en la que hoy estamos inmersos y que promete con ser el inicio de una revolución mucho mayor. La era del 5 G se nos avecina con un cambio radical en el paradigma de entender el mundo, nuestro hogar, nuestras relaciones sociales, la velocidad de descarga de documentos,... El siglo XXI será el de la información; de hecho, ya lo es. Pero en cinco o diez años el panorama actual habrá experimentado notables transformaciones. Aquella era digital con la que apenas se soñaba un par de décadas atrás y que nuestros jóvenes nacidos en los ochenta apenas podían imaginar, se ha convertido hoy en un nuevo reto.

   Las máquinas estarán a nuestro servicio, controlarán nuestra salud, nuestros gustos, nos facilitarán un acceso increíble a la información que deseamos. Es posible que nos ahoguemos en este tsunami si no sabemos gestionarlo. Hace veinte años, en mis inicios como docente, hablaba con un puñado de alumnos de la era digital que se nos avecinaba. Siempre mostré interés por estos nuevos cambios de paradigma... y aquel prometía. Hoy ya escribo en las redes y me temo que en otros veinte nos habrá atrapado ese tsuami del que hablo, pues no es posible gestionar tal avalancha de información y aplicaciones sin antes haber resuelto unos cuantos dilemas morales y éticos. No es posible una evolución tecnológica sostenible sin una preparación en la gestión de nuestros intereses y emociones. Bienvenidos a una nueva era de la que hoy solo están al corriente los que la están diseñando, igual que aquellos medio adolescentes californianos que, encerrados en sus garajes, soñaban e ideaban una nueva forma de entender el mundo mientras en las calles se protestaba por la paz mundial y la brisa del mar se mezclaba con vapor del cannabis de aquellos que vivían aún al margen de esta revolución pero que iban a terminar siendo militantes activos de la misma.

   ¡Dame tecnología 5 G... y moveré el mundo!


¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar