El toro de Wall Street

10.03.2019


       Juan A. Flores Romero


    La crisis bursátil hizo mella aquel lunes negro, 19 de octubre de 1987. Todas las bolsas, desde la de Hong Kong , fueron en caída libre recorriendo todos los lugares de un mundo financieramente interconectado. En España, la bolsa perdió un 30% de su valor y en Estados Unidos la herida fue considerable, ya que las caídas rebasaron ampliamente el 20%. ¿Estaba resquebrajándose un modelo que habíamos defendido y amamantado desde Bretton Woods e incluso desde los inicios mismos del capitalismo? El sistema no estaba dando su mejor imagen. Países como Reino Unido o Nueva Zelanda experimentaron caídas espectaculares y el mundo se preguntaba si estábamos ante otro crack como el del 29. No se recordaba una caída mayor desde el inicio de la I Guerra Mundial y con la única excepción del Crack de Nueva York de 1929. En este contexto, un artista siciliano quiso protestar contra lo que consideraba un abuso de las instituciones financieras de los Estados Unidos. Con sus ahorros, unos 360.000 dólares, creó uno de los monumentos más representativos y fotografiados de la ciudad de Nueva York: el toro de Wall Street. Se ha especulado sobre su verdadero significado aunque, a juzgar por los motivos del artista, encarna la fuerza y la resistencia del pueblo norteamericano contra el abuso que representa el capitalismo ¿Un toro antisistema en el corazón mismo del poder financiero? Pues sí. Es la riqueza que te da vivir en un país en el que, contando algunas excepciones como en los inicios de la Guerra Fría, puede tolerarse cualquier manifestación artística aunque suponga una crítica feroz al sistema que representa. Y, como sucede con Banksy, el sistema siempre va buscando cauces de rentabilidad económica. Protesta si quieres, que ya convertiremos tu malestar en rentabilidad económica. Es lo que tiene el capitalismo. Transforma cualquier atisbo de disidencia en un posible aliado del sistema.

   El toro de Wall Street, que ha hecho famoso el parque de Bowling Green, es la contribución de Arturo de Modica a la ciudad que lo acogió y un regalo de Navidad a los neoyorkinos en aquel año de 1989 que aún sufría las secuelas de una crisis tan solo aliviada por el inicio del fin de la guerra fría al otro lado del océano.

Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar