Las cenizas de Naoko

Juan A. Flores Romero
"La gente es extraña cuando tú eres un extraño", es una frase de esta obra de Haruki Murakami de la que voy a comentar unas breves notas. Cuando uno abre un libro de este autor japonés, no sabe lo que se va a encontrar. Hace unos días terminé la lectura de un viaje al pasado, una reconstrucción de una vida realizada con retazos de recuerdos, con sensaciones aún muy metidas en el cuerpo, con la triste mirada de una época marcada por una gran dosis de existencialismo, de lucha por unos ideales aplastados por un sistema que solo ofrece desidia y conformismo como antídoto. Murakami expresa en una de sus páginas, abriendo el capitulo 10, "el único recuerdo que conservo de 1969 es el de un lodazal inmenso. Un profundo lodazal, viscoso y pesado, donde cada vez que daba un paso se me hundían los pies. Y yo lo cruzaba haciendo un esfuerzo sobrehumano. No veía nada, ni delante ni detrás de mí. Solo un cenagal de tintes oscuros extendiéndose hasta el infinito".
En Tokio Blues, se abre una historia compuesta por muchos pequeños universos de relaciones de amor, de dolor, de amistad, de una sexualidad inmadura en la que algunos personajes se mueven bien, buscando nuevas experiencias. Las experiencia son relatadas por Turu Watanabe y Midori. En la historia que también recibe el título de "Norwegian Wood" se hace alusión a una época, los 60, que fueron convulsos en todo el mundo, y que gestó una generación que es la que dirige hoy en día el mundo. Los personajes de la obra son muy diversos.
El protagonista, Totu, recuerda desde el presente la muerte por suicidio de su amigo Kizuki, novio de Naoko con quien, posteriormente, Toytu tiene un romance y una serie de experiencias que le llevan a descubrir la sexualidad. Ese cuadro no está completo sin la presencia de Midori quien también cae rendida al encanto de Toru, un estudiante que prefiere la apertura a la cultura occidental más que el estudio de la literatura japonesa. Por cierto, uno de los detalles más curiosos del libro es el interminable listado de platos típicos japoneses que aparecen en sus líneas y que son explicados por el traductor en notas a pie de página.
Uno de los personajes más potentes es Naoko, quien tiene que soportar el suicidio de su novio, Kizuki, y el de su propia hermana en plena adolescencia, y que contrasta con la personalidad de Midori, mucho más abierta hacia esa relación con Toru. Este tema es tratado en toda la obra. Cómo el dolor se mezcla con el vacío, el deseo de sentir nuevas experiencias, la apertura a la sexualidad en una edad de continuos cambios

El otro personaje que está cargado de simbolismo es el de la persona capaz pero fracasada, que termina en una colonia psiquiátrica en la que intenta sobrevivir alejada de un mundo angustioso. Es la figura de la pasión, del desencanto. Y lo encarna una excelente profesora de música cuya vida la lleva a un callejón sin salida: Reiko Ishida, quien congenia muy bien con Naoko durante su estancia en esa reclusión psiquiátrica.
El suicidio, el desencanto, el dolor, la falta de valores sólidos,... son los ingredientes que van a pareciendo como si de una caja de comida japonesa se tratara. Una novela inspirada en un mundo encorsetado, en continua transformación, en la que los personajes deambulan por una ciudad en busca de tabaco, de un poco de comida o del afecto de otras personas que le den sentido a una existencia arañada por el vacío. Naoku, sin embargo, explora su propio "yo", el dolor acumulado durante una vida a pesar de su juventud y que la llevó a una muerte prematura.
Toru herido por esta pérdida se dedica a recorrer la costa norte de Japón, en busca de respuestas, siempre con el recuerdo vivo de Naoko y de lo que había supuesto para su vida, mientras su cuerpo, hecho cenizas, ya solo formaba parte de un extinto pasado avivado por mañanas de lluvia y pensando que tal vez la muerte formaba parte de la vida.
Murakami trata el tema de la identidad, la angustia, los sentimientos en cada una de sus obras. En "Kafka en la orilla", el personaje Oshima se dirige a Kafka Tamura para recordarle "en la vida de los hombres hay un punto a partir del cual ya no podemos retroceder. Y, en algunos casos, existe otro a partir del cual ya no podemos seguir avanzando. Y, cuando llegamos a ese punto, para bien o para mal, lo único que podemos hacer es callarnos y aceptarlo. Y seguir viviendo de esa forma". Creo que es bastante ilustrativo.
El autor japonés lanza una mirada al presente, al sentido de la vida que estamos pisando y que resultan más poliédrica de lo que aparenta. El poder evocador de la metafórica pluma de Murakami es indiscutible. La esencia de la vida parte de las realidades, tal y como dice el autor de Kafka en la orilla, "no se puede mirar demasiado lejos. Porque si miras demasiado lejos pierdes de vista el suelo y corres el riesgo de tropezar (...). Total, que hay que mirar un poco hacia delante, seguir un orden determinado e ir despachando las cosas". Podría denominarlo un cortoplacismo pegado a la realidad, porque esa misma realidad es cambiante. El futuro es un espectro que no se puede tocar, una dimensión que el hombre no puede dominar. El hombre es más terrenal, a fin de cuentas, más débil, más carnal, más afectivo. "El ser humano necesita vivir aferrado a algo". Es el eterno deseo de saber que en la vida contamos con tablas de salvación (la psicología, la religión, el otro,...).
La idea de libertad siempre deambula por las páginas de Murakami, aunque sus reflexiones dan que pensar y, a veces, puede que vivamos ante un espejismo. Los deseos se desvanecen cuando se convierten en realidades y, estas, a veces, se prostituyen. Murakami reflexiona de este modo: "puede que la mayoría de las personas de este mundo no deseen, en realidad, ser libres. Solo están convencidas de que lo desean. Todo es una fantasía (...). A la gente, de hecho, le gusta la falta de libertad". A través de Kafka Tamura, el autor nos introduce en el verdadero conflicto de la tragedia griega. El ser humano no elige su destino sino que es éste el que nos elige a nosotros. Brota, pues la idea de falta de libertad y de que solo somos una partícula insignificante en el vasto cosmos.

Una cuestión filosófica que subyace de esta novela es el discernimiento entre lo que es importante y lo que no, entre lo troncal y lo periférico, lo esencial y lo accesorio. El ser humano puede vivir en esencia con lo que cabe en una cabaña y luego puede salir a explorar el mundo. Un poco de comida, un poco de cultura y un poco de mundo. Pero la humanidad se desarrolló no a través de los deseos y libertades del individuo sino a través de los intereses de la tribu o de la masa que hacían a esta más estable ante posible momentos adversos. Por eso surge el concepto de guerra, un término que ha vivido pegado como una lapa al genero humano. "En ningún lugar del mundo -reflexiona Murakami a través de un joven llamado Cuervo- existe una lucha que acabe con las luchas. La guerra nace de la guerra misma. Se alimenta lamiendo la sangre vertida a causa de la violencia, comiendo la carne lacerada, a causa de la violencia. La guerra es un ser vivo perfecto", concluye.
Y el concepto de guerra va unido intrínsecamente al de muerte. En un conflicto a hay muertos y estos son la esencia del mismo. El temor a ser devorado, asesinado, a perder la vida, hacen del hombre un ser ruin y precavido. La muerte ocupa un lugar esencial en Murakami. En esta misma obra de búsqueda de identidad y sentido, podemos leer "para un ser humano, lo que realmente importa, lo que realmente confiere dignidad, es la forma de morir, pensó Hoshino. Comparada con la forma de morir, la forma de vivir quizá no tenga tanta importancia. Pero, no obstante, lo que determina la forma de morir es la forma de vivir".
Más información sobre el autor:
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