Un canto sublime
Juan A. Flores Romero
No puedo evitarlo, pero cada vez que se acerca la Navidad suelo escuchar con más asiduidad a Leonard Cohen (y no solo el Christmas Lights, de Coldplay). Muchos ya saben de mi gusto por estos sonidos que se complementa con una voz ronca, casi de ultratumba, con el sabor de los viejos cantautores que un día hicieron furor en una sociedad necesitada de cambios.
El Hallelujah de Cohen es una de mis canciones favoritas, tal vez la que más; supongo que es uno de esos temas que te gustaría escuchar si supieses que te quedan diez minutos de vida. Pero, bueno, no vamos a ponernos trágicos en estas fechas. Esta canción apareció en "Various positions", álbum editado en 1984, aunque tuvimos que esperar diez años más para que se hiciese popular en la voz de Jeff Buckley. Muchas han sido las versiones que han jalonado su existencia. Para mí es una joya, patrimonio inmaterial de la humanidad, de esas que se lanzan en las sondas espaciales para que a millones de años luz alguna civilización pueda conocer algún día que en la Tierra había algo más que guerras e injusticias.
En la sutil concepción de Cohen, los sonidos y las letras hacen referencia a la tradición del Antiguo Testamento, al amor pasional encarnado en David y Betsabé, en Sansón y Dalila,... en ese universo que nos hace parecer seres limitados, sujetos a las pasiones y a los deseos pero, a la vez, especiales y sublimes. Hallelujah ha sido uno de los temas más versionados o coreados, especialmente por John Cale o Bob Dylan, y cuya letra original ha experimentado más cambios sin perder un ápice de ese profundo sentimiento humano. No te pierdas la interpretación que hace Pentatonix. Quizá no sea la última, ni la mejor.